domingo 13 de noviembre de 2011
Que los domingos por la tarde son más tristes...
Pero este no. Este es un domingo normal, como lo puede ser un lunes, un miércoles, o un sábado. Un día más en esta rutina mía del no-hacer. No pasa nada, me he acabado acostumbrando a dormirme a las tantas y despertar a media tarde, a salir de fiesta casi a diario, a sacar a la perra de paseo bajo la lluvia y el frío. Me he acostumbrado a la soledad de esas cuatro paredes entre las que vivo, a acostarme acompañada y levantarme sola, a no moverme del sofá y a cocinar en base a la loza que hay limpia.
Estoy bien, la verdad, aunque esto no era lo que quería, estoy bien. Algo sola, si, y muy nostálgica, pero bien. Es el problema de encariñarse tan fácilmente con la gente, que luego se van todos y te entra la morriña. Pero estoy bien. No sé porqué, no sé cómo, pero estoy bien.
No tengo horarios. Me levanto a las tres de la tarde, me duermo a las siete de la mañana, aunque no salga; como a las ocho y ceno a las cuatro de la madrugada, saco a la perra a las cinco, después de cenar, y vuelta a empezar. Por la tarde duermo, no lo puedo evitar. Y así va un mes, y dos... y quien sabe, a lo mejor tres. Pero estoy bien.
Maravillosamente bien, extraordinariamente bien. Feliz, con esa sonrisa tonta que no hay quien borre de mi cara. Una sonrisa que no se va, incluso en los peores momentos, no se va. Y, aunque no debería decirlo, no vaya a ser que me lo crea, se lo debo a alguien. Esa sonrisa.
Que no se vaya esa sonrisa, que se quede un poco más en mi cara. Quédate.
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Me alegro de esa sonrisa... Muchísimo.
ResponderSuprimirA ver cuando me buscas un hueco, por la tarde/noche, por supuesto ;P
Un beso, cielo.