martes 22 de noviembre de 2011

Despertares tristes...

Hoy me he despertado con una llamada que me ha hecho llorar. No era una llamada mala, más bien todo lo contrario, pero no he llorado de alegría. He llorado al darme cuenta de lo fácil que es olvidar las cosas y a la gente, de lo fácil que es pasar página y olvidar lo que había antes de comenzar una nueva vida. Pero esa gente y esas cosas a veces te demuestran que aunque hayas pasado página, ellos no se olvidan. Y duele ver cómo tú si lo has hecho.
Después de ese despertar, cualquiera se vuelve a dormir. Así que agarré el teléfono y me decidí a hacer lo que hace tiempo tenía que hacer: decirle adiós a lo único de esta nueva vida mía que de verdad me motivaba. Y ahí si que he llorado, no he podido evitarlo. Porque, al fin y al cabo, no es que eso haya sido lo único buena de esta temporada, no, hay muchas cosas buenas, pero sí que ha sido lo único que yo he elegido y de verdad me gustaba. Nada, otro sueño a la basura, por lo menos durante un año más.
Y es que a veces las cosas no salen como quieres, y te tienes que aguantar y seguir adelante. Pero... no es fácil, nada fácil. Yo no quería esto, no quería esta vida. No quiero levantarme por las mañanas (más bien por las tardes) y no tener nada que hacer. No quiero pasarme el día en el sofá, saliendo sólo para sacar a pasear a la perra. No quiero tener todo el día libre, quiero hacer algo, necesito hacer algo.
Pero no lo hago, porque está claro que lo mío siempre fue el "no hacer", el nunca hacer nada. No me gusta mi situación, pero no me esfuerzo por cambiarla. Realmente es que todo, todo, me da igual, exceptuando mi, digamos, "vida social". El resto me la suda. No me gusta no estudiar, pero tampoco quiero hacerlo. No me gusta el no tener un trabajo, el depender de otras personas, pero tampoco me esfuerzo en buscarlo y, cuando lo consigo, no me esfuerzo en mantenerlo. No me gusta tirarme horas y horas en el sofá viendo la caja tonta, pero tampoco me esfuerzo en salir a la calle si no es necesario.
Nada me interesa, pero tampoco nada me desinteresa... Quiero decir, nada me agrada ni me desagrada. Simplemente me da todo igual. Y sé que voy a seguir aquí, sin hacer nada de lo que quiero, pero tampoco haciendo nada que no quiera hacer. Y no sé cuando acabará esta situación, cuándo despertaré de este letargo que me tiene atontada desde hace más de dos meses. No lo sé, la verdad.
Y, lo peor de todo, lo que más me enfurece, es que aún a pesar de que llore, me enfade, grite, y me ponga contra el mundo... al final acabo sonriendo como si nada pasase, y me lo creo. Y sigo sonriendo. No tiene sentido, lo sé. Si estás mal, ¿cómo puedes sonreir? Tiene que ser una falsa sonrisa... Pero no lo es, no es falsa. Es de verdad. Me hundo, cada día más, sin remedio... pero, por lo menos, me hundo con una sonrisa. Eso es algo que creo que sólo yo puedo decir.
Si es que el cajón desastre no está en este blog, el cajón desastre está en mi cabeza. Y no para nunca.

domingo 13 de noviembre de 2011

Que los domingos por la tarde son más tristes...


Pero este no. Este es un domingo normal, como lo puede ser un lunes, un miércoles, o un sábado. Un día más en esta rutina mía del no-hacer. No pasa nada, me he acabado acostumbrando a dormirme a las tantas y despertar a media tarde, a salir de fiesta casi a diario, a sacar a la perra de paseo bajo la lluvia y el frío. Me he acostumbrado a la soledad de esas cuatro paredes entre las que vivo, a acostarme acompañada y levantarme sola, a no moverme del sofá y a cocinar en base a la loza que hay limpia.
Estoy bien, la verdad, aunque esto no era lo que quería, estoy bien. Algo sola, si, y muy nostálgica, pero bien. Es el problema de encariñarse tan fácilmente con la gente, que luego se van todos y te entra la morriña. Pero estoy bien. No sé porqué, no sé cómo, pero estoy bien.
No tengo horarios. Me levanto a las tres de la tarde, me duermo a las siete de la mañana, aunque no salga; como a las ocho y ceno a las cuatro de la madrugada, saco a la perra a las cinco, después de cenar, y vuelta a empezar. Por la tarde duermo, no lo puedo evitar. Y así va un mes, y dos... y quien sabe, a lo mejor tres. Pero estoy bien.
Maravillosamente bien, extraordinariamente bien. Feliz, con esa sonrisa tonta que no hay quien borre de mi cara. Una sonrisa que no se va, incluso en los peores momentos, no se va. Y, aunque no debería decirlo, no vaya a ser que me lo crea, se lo debo a alguien. Esa sonrisa.
Que no se vaya esa sonrisa, que se quede un poco más en mi cara. Quédate.

martes 21 de junio de 2011

El comienzo del fin...


Empieza el final de lo conocido, ahora está más cerca que nunca. Empiezan las despedidas que tocan todos los años por estas fechas, pero esta es LA despedida, no una cualquiera.
Este año ha sido, sin duda alguna, el mejor de mi vida en Santiago. Es más, podría decir tranquilamente que ha sido el mejor de mi vida. He conocido a gente fantástica sin los que ahora me va a costar muchísimo vivir, he encontrado ese lugar perfecto para mí, y que en breves perderé de vista.
Esta mañana me he despedido de dos personas (bueno, realmente de una, la otra no quiso despertarme para despedirse, no le gustan las despedidas), una de ellas es una de las personas más importantes que tengo ahora mismo a mi lado. Si los planes salen bien, en agosto o en octubre nos volveremos a encontrar.
El sábado, me despido de una persona que me ha acompañado en las buenas y en las malas durante cuatro años, la persona que más me ha hecho reir en mi vida. Si los planes salen bien, no tengo ni la más remota idea de cuándo la volveré a ver. Quizás nunca.
En el mes que le queda a casi todo el mundo en Santiago, me iré despidiendo casi diariamente de alguien. En septiembre, seré yo la que se despida de los que se queden, ya sea en Santiago, en Noia, o donde sea.
Los planes han cambiado. Mi vagancia me ha impedido apuntarme a la autoescuela, mi amigo al final no vende la furgoneta, y aunque he ampliado mis creaciones (ahora hasta utilizo Fimo y alpaca, además del macramé), con eso no me ganaré la vida.
Ahora el plan es Barcelona. Las puertas del mundo. La verdad, no se si aguantaré, no me gustan las ciudades grandes, me agobian los coches y las multitudes, pero sólo será una temporada. Luego, en principio, seguiré con el plan principal de recorrer Europa. Hay tiempo para todo. Nunca se sabe.
Pero ahora no puedo pensar en eso. No puedo mirar hacia delante, sólo puedo quedarme aquí, llorando tras cada despedida, e intentando agarrarme a la esperanza de volverlos a ver.
Jamás, en la vida, olvidaré este año fantástico en el que por fin pude ser completamente yo misma. Jamás.

jueves 19 de mayo de 2011

Filosofía da casa




Ha pasado mucho tiempo. Casi dos meses desde la última vez que entré aquí. pero, hoy, debía hacerlo.
La última vez hablaba de que no me adaptaba al curro, y de que sólo quería dormir. Pues bien, han pasado dos meses; dos meses de levantarme a las 8h, comer en media hora, y salir a las 18h. Y no, no me he adaptado. Quizás si que me encuentro un poco menos cansada, sobre todo por las mañanas, pero las tardes y las noches siguen siendo un infierno. Cada día intento irme antes, pero da igual, sigo cansada.
Los fines de semana... son otra cosa. Me los paso durmiendo. Intento salir, disfrutar de los dos días y medio que tengo de descanso, y eso hago, descansar, pero no disfrutar.
Pero tampoco me va del todo mal. El siete de junio, dentro de poco más de dos semanas, esto se acaba. Se acaba, y a mi me queda casi un mes para acabar el informe, y hala. ¡Hasta septiembre, carrerita querida!*
Pero las cosas me van bien, no me puedo quejar. Los ratos libres los aprovecho, estoy con mis amigos (reducidos, últimamente), leo, escucho música, me tiro en el césped... No os imagináis lo que disfruto tirada en el césped, o en cualquier lado, vamos.
Últimamente lo que hago bastante es viajar. No muy lejos, pero oye, algo es algo. Son frecuentes las visitas a los  Castros de Baroña (fui más en estos meses que en toda mi vida, y eso que vivo a 10min), a Fisterra (faro o playa, da igual), al Pedroso... Incluso dormí en playas del norte de Galiza (Ver, o algo así), y me fui a Asturies en Semana Santa. Y eso me libera.
Coger el coche con tus amigos y simplemente dejarte llevar es lo mejor que te puede pasar. Es mi gran vía de escape últimamente. Eso y el macramé. Si, el macramé, habéis leído bien. Estoy viciadísima (con unas amigas) a las pulseras/collares/llaveros/etc de macramé, que, por cierto, cuesta un pastón y hay que pedirlo por internet. Y también hago atrapasueños.
Hago todo lo que puedo para llevar a cabo mi gran plan, descabellado, loco, y hasta estúpido. Me quiero ir, eso está muy claro, así que... Tengo de este mes hasta julio para sacarme el carnet de conducir, hasta agosto para sacarme el título de monitora de tiempo libre, y hasta septiembre para ahorra todo lo posible. Tengo también el verano para intentar vender mi "artesanía" por ahí, a ver si cuela. Y luego... adiós, mundo conocido. Hola, Aventura.
Me voy, y lo digo en serio. Mi plan es comprarme la furgoneta de un amigo, a medias con otro, y recorrer la península, Europa, y el mundo si da el tiempo. ¿Ganarse la vida? La calle es muy grande, malo será (yo es que soy muy gallega, qué queréis que os diga, aunque la gente me diga que tengo acento madrileño, eso es por las compañías).
Si eso no sale, ¿qué mas da? Otra cosa habrá, si para buscarse la vida hay tiempo, y, para disfrutarla, que es lo que hay que hacer, también.

Y ahora, después de este resumen extraño contándoos mi vida como si os importara, os abandono, que esto de actualizar desde el curro tiene sus riesgos.

Y, recordad:
Carpe Diem


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* Traducción: Puta carrera de mierda

martes 22 de marzo de 2011

Imposible



Hoy, he cerrado "La aprendiz desastre", con sólo una publicación. Me he dado cuenta de que es absurdo separar mi vida "laboral" de lo demás. Más que absurdo, es imposible.
Mi vida social y personal depende ya más de mi vida laboral, que de cualquier otra cosa. Me levanto todos los días a las ocho y media, entro a trabajar a las nueve, salgo a las tres (con suerte) y, depende del día, vuelvo a entrar o no por la tarde. Incluso hay días que tengo que salir de Santiago, y no vuelvo hasta pasada la madrugada de trabajar. Y claro, con esto, no queda mucho tiempo para la vida.
Por si fuera poco, mi cuerpo, en vez de acostumbrarse al ritmo de vida que llevo, me impide hacer la mitad de las cosas que quiero. En vez de acostumbrarse al horario, me deja en un estado de delirio y somnolencia total. Las ideas se niegan a aparecer por mi mente, los pensamientos son lentos y deprimentes, y las noches son cortas, pero duras.
Duermo. Duermo a todas horas y en todos los lugares. Este fin de semana me lo he pasado durmiendo. Esta tarde, mis esfuerzos para mantenerme despierta han sido completamente en vano, y me he pasado media tarde durmiendo. Y ahora estoy que me caigo de sueño igualmente.
Sólo quiero dormir. Es lo que más me apetece. Dormir. Curioso, ¿no? Siempre me quejé del insomnio, de lo que odiaba querer dormir y no poder... Pues no os podéis ni imaginar lo mucho que sufro queriendo mantenerme despierta sin éxito. Y, lo peor es que, si aún durmiera bien... pero no. Sueño demasiado, más que nunca. Y hasta tengo pesadillas (no recuerdo tener pesadillas desde los dieciséis años...)
Vivo en un estado constante de inopia. No me entero de nada, ni hago nada, ni siquiera pienso demasiado. Intento con todas mis fuerzas, las pocas que me quedan, seguir adelante. Conseguir que mi inopia desaparezca, y volver a ser yo, con mi energía, con mi vida.
Pero, como se dice siempre, las desgracias nunca vienen solas y, cuando estás en un estado como el mío, cualquier cosa te afecta negativamente. Y me pongo de mala hostia. Y no me gusta estar de mala hostia.
Me queda la reconfortante visión, a lo lejos, de las vacaciones de la semana esa en la que la gente se viste del KKK y salen a pasear por las calles.Y, estoy segura, de que ni eso me va a ayudar.

Si es que yo, en el fondo, sólo quiero dormir...


y despertarme en Junio.

lunes 28 de febrero de 2011

Pequeño diario

Hoy, he comenzado las prácticas. Me he saturado al instante. Me he dado cuenta de todas mis inseguridades, y de lo perdida que me encuentro en el terreno de la profesión. No me interesa, no me motiva.
Ahora mismo tengo demasiadas cosas en la cabeza. Estoy feliz, me va muy bien, y lo que menos me apetece es rayarme con las prácticas. Tenemos un horario imposible, por las mañanas, algunas tardes, algunas noches, algunos fines de semana, y las vacaciones... y no es fijo, cada día podemos salir a una hora distinta... Con la de cosas que tengo que hacer fuera...
Es por esta razón por la que voy a intentar, lo máximo posible, separar mi vida social de mi vida laboral. No quiero romper lo que para mí significa este blog metiendole las cosas de las prácticas. Esto es mío, habla de mi todo el tiempo, de mi vida, incluso cuando no lo parece. Y me niego a que caiga bajo el gran peso de las prácticas.
Así pues, tengo el honor de presentaros mi nuevo blog, "La aprendiz desastre"
Tan desastre como siempre, tan mío como siempre, pero a la vez, tan ajeno como nunca. Bienvenidos al desdoblamiento de mi vida

miércoles 2 de febrero de 2011

Gran descubrimiento




Hoy, hace unas horas, me han dicho que soy el mayor descubrimiento de este año. Y desde entonces no he podido borrar la sonrisa de mi cara. Hace no más de media hora, una persona que no conocía de nada me ha dicho que ojalá todo el mundo sonriera como yo estaba sonriendo. Y repito: no la conocía de nada, no llevabamos ni un minuto hablando.
Y la verdad es que no es para menos. En este tiempo que llevo sin escribir me ha pasado de todo. Desde una mini-relación tortuosa que acabó muy mal, o desde la toma de la decisión más importante de mi vida (que estaba postergando tomar, cada día más, por puro miedo), hasta el hallazgo más importante de mi vida.
De la relación, mejor no hablar, que esto no es un diario. De la decisión... podría hablar, y lo he intentado muchas veces; ahora lo voy a hacer: hace un tiempo decidí irme a una ciudad al acabar la carrera, pero hace unos dos o tres meses, me entró el pánico, y pensé en no hacerlo... ahora me he decidido a hacerlo.
Y esto lo cuento porque está muy relacionado con el hallazgo. He encontrado un lugar donde de verdad soy yo misma, donde estoy perdiendo la vergüenza, y donde pierdo los miedos. Y, con ese lugar, a una gente con
la que de verdad soy yo misma, con la que estoy perdiendo la vergüenza, y con quien pierdo los miedos. Y ése lugar y esa gente, sin yo decirles nunca nada de la decisión, me convencieron con sus actos de que debía seguir lo que de verdad quería, sin miedos.
Hoy, una de esas personas me ha dicho que soy el mayor descubrimiento del año. Y sonrío. Y no es para menos, porque el mayor miedo que tenía yo ahora era el de no encajar con esa gente, de que para ellos yo no fuera tan importante como lo son ellos para mí. Pero no es así, por lo menos no con una persona.
Y eso, a pesar de todos los problemas, me hace más feliz que nunca. Y, aunque la decisión de irme dentro de unos meses, me separe de esta gente, y aunque es posible que nunca los vaya a ver de nuevo, estoy convencidísima de que nunca, nunca los olvidaré.
Y nunca he estado más segura de algo en mi vida. Porque esta sensación es imposible de olvidar.